
«En el fondo he tenido suerte porque pude perder un
ojo»
(Fuente: Diario de León)
La pedrada que recibió a la conclusión del
partido ante el Ro Casa no le ha dañado un ojo aunque tiene cuatro
puntos de sutura en la frente y estará de baja unos diez días
Hablaba por el móvil con su madre para contarle que el ambiente en el entorno del pabellón del Ro Casa canario estaba muy caldeado. Raquel Caño, la extremo del León BM, no sabía que unos segundos después iba a convertirse en la gran protagonista de una de esas historias que ensucian el deporte. Un grupo de ultras se lanzó contra el autobús donde viajaban las leonesas para apedrearlo. Y una de las piedras fue lanzada con tal violencia que atravesó el cristal del autobús e impactó en la frente de la jugadora abriéndole una brecha que precisó cuatro puntos. Además le entraron varios pequeños cristales en los ojos, que por fortuna no le causaron heridas graves. La agresión le dejará un mal recuerdo, una cicatriz en la frente y alrededor de diez días de baja.
-La primera pregunta es obligada, ¿Cómo se encuentra después de la pedrada?
-Bien, estoy bien (dice sonriendo pese a todo). Me duele un poco la cabeza pero estoy bien. Por fortuna los ojos los tengo bien y ahora lo único que me queda es el dolor y la brecha que me quedará en la frente.
-¿Ha podido dormir bien después de lo sucedido?
-No. Dormí poco porque me dolía la cabeza y los ojos también cuando los cerraba. Encima tenía continuamente pendiente a Cristina (la portera del equipo) despertándome cada poco para ver si estaba bien y tampoco me dejó dormir mucho.
-Hoy ha ido al oftalmólogo, ¿qué le ha dicho?
-Fui a las tres y media cuando llegamos de Canarias. Me hizo una revisión a fondo de los ojos y me dijo que tenía irritadas las córneas por los pequeños cristalitos que me habían entrado en los ojos. Por fortuna me dijo que no me preocupase, que en poco más de cuatro días echandome colirio ya estaría bien.
-¿Cómo recuerda lo sucedido?
-Lo que recuerdo es a los chicos que tiraron las piedras. En aquel momento estaba hablando por el móvil con mi madre, diciéndole que en la cancha casi nos habían querido pegar y fui a girar la cabeza para el lado de la ventanilla, para hablar con Cristina que la tenía detrás. Yo vi a los chicos, que los tengo clavados en la cabeza, y Rebeca (otra jugadora) avisó de que nos iban a tirar algo. Yo no reaccioné, me quedé mirando a los chicos, que estaban a menos de diez metros, y luego el impacto que te da.
-Entonces, su madre testigo en primera línea, ¿no?
-Sí. Ella me dijo que escuchó un golpe y muchos chillidos. Por el golpe, el móvil me saltó de la mano y lo cogió una compañera que oía decir a mi madre: «tu corre hija, corre». Mi primera reacción fue la de pedir otra vez el móvil para hablar con mi madre, mientras me intentaba tapar la herida.
-¿No pudo ver que le iban a tirar una piedra?
-No, no lo ví porque fue algo que no esperaba.
-Y entonces todo el jaleo, ¿no?
-En un primer momento no veía nada. Me quedé quieta, notando que me caía mucha sangre. También recuerdo que hablé a mis compañeras para decirles: «Tranquilas todas, que estoy bien». En aquel momento estaban ellas más histéricas que yo.
-¿Y cómo se sentía entonces?
-Es todo tan rápido que no te da tiempo a nada. El golpe no me dolía y tampoco veía nada. La piedra la lanzaron con tanta fuerza que atravesó el cristal, me dio a mí y salió rebotada al asiento que estaba al lado.
-En el fondo puede decirse que ha tenido suerte.
-Sí, he tenido suerte porque pude perder un ojo pero no hay que pasar por alto que fue una agresión.
-Esa es una cancha conflictiva, ¿verdad?
-Sí, aunque ellos lo niegan. Siempre que hemos ido nos insultan y con otros equipos ha habido tanganas. Incluso los árbitros del partido nos dijeron que habían visto la agresión y que no tendrían ningún problema en testificar. Está todo el mundo cansado de esa cancha.
-Extraña que con todos estos antecedentes no haya una protección policial mucho mayor.
-Sólo había dos o tres agentes y tampoco hicieron mucho. Luego, cuando pasó todo, llegaron cuatro coches de la Policía Nacional pero no hicieron nada aunque yo estaba allí tirada. Tuvo que ser el segundo entrenador del Ro Casa el que me llevó a un centro de salud.
-¿El partido fue tan tenso para que acabara de esa forma?
-Pasaron los incidentes de siempre. Nos insultaron y nos llamaron de todo pero pasar de las palabras a la agresión... Al acabar el partido hubo gente que saltó a la pista a insultarnos y a recriminarnos cosas y se montó una buena pero al final las cosas no fueron a más.
• El Ro Casa repudia el ataque sufrido por la deportista leonesa
El equipo grancanario Ro'casa Remudas repudió ayer la agresión sufrida porRaquel Caño. Yúbal Moreno, entrenador isleño comentó: «No comprendemos por qué ha pasado esto, porque el partido fue de guante blanco, jugado con intensidad pero dentro de una estricta deportividad». Moreno, agregó: «Sólo al final el entrenador del León -insultó a un operario de la cancha, pero pidió disculpas».
El preparador isleño también apuntó que «el ambiente se caldeó cuando algunas jugadoras del León insultaron a una parte de la afición, cuando el partido estaba finalizado». «Nosotros, que reprochamos rotundamente este tipo de incidentes, no esperamos ningún tipo de sanción porque no podemos controlar lo que ocurre fuera del recinto deportivo. Lo que deseamos es que este tipo de actos no se repitan más».
• La jugadora presentará una denuncia por agresión
Raquel Caño tiene previsto presentar esta semana una denuncia por agresión para llevar todo este asunto a los tribunales tanto ordinarios como deportivos.
A su vez, el club realizará un informe sobre todo lo sucedido tras el partido ante el Ro Casa para remitirlo, junto con los informes médicos, a la Federación Española de Balonmano al objeto de que este organismo lleve la agresión a la Comisión Antiviolencia.
El técnico leonés, Diego Soto, recordaba ayer que en el pabellón del Ro Casa «siempre hay problemas» y apuntó que ya es hora de hacer algo en este sentido. «De todas formas -añadió- a las jugadoras les he dicho que estas cosas están en el deporte, queramos o no. Hay gente que están como cabras y van a los pabellones».